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La ruptura del límite como expansión de la condición humana

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Más allá del logro técnico, la figura de Alex Honnold interpela una dimensión más profunda: la relación entre el ser humano y sus propios límites. Cada uno de sus ascensos no solo amplía el horizonte de lo posible en términos deportivos, sino que redefine simbólicamente lo que una persona puede llegar a encarnar cuando alinea disciplina, intuición y responsabilidad. En este sentido, Honnold no rompe únicamente barreras físicas, sino fronteras culturales, psicológicas y filosóficas. La historia de la humanidad avanza a través de individuos excepcionales que, sin necesariamente proponérselo, desplazan el marco de lo considerado normal. No lo hacen por oposición al sistema, sino por coherencia con una forma particular de comprender la realidad. Estas personas no buscan romper reglas; actúan desde una lógica interna que, al manifestarse, obliga a la sociedad a redefinir sus propios parámetros. Honnold pertenece a esta categoría. No desafía la norma por provocación, sino porque su compren...

¿Maldecir la oscuridad o encender una vela?

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La manera en que una persona responde a la adversidad revela con claridad su posición frente a la realidad. Existen quienes convierten la dificultad en objeto de análisis, denuncia o explicación, y quienes la asumen como un espacio de intervención posible. Esta diferencia no es meramente actitudinal, sino estructural: define si el individuo se percibe como un observador crítico del mundo o como un agente responsable de transformarlo, incluso cuando las condiciones son inciertas, incompletas o adversas. Maldecir la oscuridad implica un posicionamiento centrado en la carencia. Es el acto de nombrar el problema, describir sus causas, identificar a los responsables y elaborar narrativas críticas sobre el entorno. Esta capacidad analítica no es negativa en sí misma; de hecho, constituye una base indispensable para cualquier proceso de transformación. Sin embargo, cuando se agota en la denuncia, se convierte en una forma sofisticada de inmovilidad. La crítica sin acción produce una ilusión...

¿Qué es lo contrario al miedo?

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Durante largo tiempo se ha asumido que lo contrario del miedo es el valor, la confianza o la seguridad. Sin embargo, estas nociones describen estados psicológicos derivados, no la transformación profunda que ocurre cuando el miedo deja de ocupar el centro de la experiencia humana. El miedo no se supera mediante la fuerza de voluntad ni se neutraliza con optimismo superficial. Más bien, se desplaza cuando otra dimensión más amplia de la conciencia toma su lugar. No se trata de eliminar el miedo, sino de modificar su jerarquía interna: pierde poder cuando deja de ser el principio organizador de la vida. El miedo es una emoción primaria con una función adaptativa esencial. Su propósito original es proteger la integridad física y garantizar la supervivencia. En este sentido, no constituye una falla del sistema humano, sino una manifestación de su inteligencia biológica. El problema emerge cuando el miedo trasciende su función de alerta y se convierte en una estructura identitaria. Cuando...

El privilegio del propósito

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Emprender no es solo una actividad económica. Es, en esencia, un acto de libertad. Y toda libertad auténtica es un privilegio. No porque sea cómoda, sino porque es rara. La mayoría de las personas viven dentro de caminos trazados por otros: por necesidad, por miedo, por inercia o por tradición. Poder elegir el propio camino, aun cuando ese camino sea incierto, es una forma silenciosa de riqueza. El privilegio no está en el capital, ni en el acceso a contactos, ni en la visibilidad. El privilegio real está en poder preguntarse qué queremos construir con nuestra vida y, más aún, en atreverse a responder con acciones. En asumir que no somos solo ejecutores de órdenes externas, sino autores de nuestra propia narrativa. Emprender es aceptar que no hay garantías. Que el éxito no es automático. Que la incomodidad no es una etapa temporal, sino parte estructural del proceso. Pero también es aceptar algo mucho más poderoso: que no somos solo engranajes de un sistema, sino creadores de realida...

Amor profundo en tiempos de poder

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Hablar de poder global nunca es un ejercicio neutral. Tampoco lo es hablar de soberanía, de liderazgo o de los ciclos históricos que se repiten con distintos rostros. Hoy, este ejercicio de amor profundo hacia las personas, los seres vivos y el planeta exige mirar de frente aquello que incomoda, sin caricaturas, sin adjetivos fáciles, sin reducir la complejidad a consignas. La figura de Donald Trump , más allá del individuo, representa un fenómeno estructural: el resurgimiento explícito de una lógica de fuerza como principio ordenador del mundo. No es una anomalía histórica. Es una recurrencia. Un recordatorio de que los imperios no siempre se anuncian con ejércitos; a veces lo hacen con discursos de eficiencia, seguridad, orden o prosperidad. El problema central no es una persona, sino el conjunto de prácticas y lógicas que su presencia vuelve aceptables. Cuando el poder global se expresa sin pudor, la soberanía deja de ser un principio y se convierte en una variable de negociación....

La economía del atajo

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En Ecuador, pocas ideas culturales han hecho tanto daño como la viveza criolla . Ese conjunto de prácticas que celebran al que evade, sortea, engaña o manipula “porque así es como se mueve el país”. Lo que muchos consideran astucia es, en realidad, una forma de sabotaje económico con efectos estructurales. La viveza criolla no es solo un problema moral, es un problema empresarial, institucional y de competitividad nacional. En un mundo donde los mercados se globalizan y la eficiencia se diseña con precisión quirúrgica, seguir operando bajo una cultura de atajos es la garantía más segura de fracaso colectivo. La base de cualquier economía sólida es la confianza en las reglas del juego, pero la viveza criolla opera como una fuerza anti-mercado y convierte cada interacción en una excepción. Nada es estándar. Nada es predecible. Lo que afuera se resuelve con un contrato, aquí suele requerir “gestión”, “contactos” o “intermediarios”. Esa fricción mata la competitividad. Puede parecer que ...

La belleza de la pausa

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Vivimos en un mundo que avanza como si hubiese sido diseñado para máquinas, no para personas. Todo es urgente, inmediato, frenético. La productividad es un credo, la eficiencia un mandamiento, la velocidad una condición moral. En medio de ese ruido permanente, el silencio se ha convertido en un lujo. La quietud, en una rareza. La reflexión, en un acto subversivo. Pero quizá lo más preocupante es que hemos empezado a normalizar este ritmo como si fuera lo natural. Como si nuestro cuerpo no necesitara descanso, como si nuestra mente no reclamara espacio, como si nuestras emociones fueran un estorbo para avanzar. Y es justamente ahí donde comienza la pérdida, cuando dejamos de preguntarnos para qué estamos avanzando y hacia dónde. Mientras el caos y la velocidad nos arrastran, olvidamos que moverse no siempre es progresar. Estamos rodeados de agendas que no son nuestras, metas heredadas y hábitos automáticos. Muchos viven atrapados en una inercia que ni siquiera eligieron. El problema ...