La Tierra como sistema, no como símbolo
Nombrar un día para la Madre Tierra es, en cierto sentido, una contradicción. La vida que nos sostiene no aparece una vez al año. No se activa por conmemoración ni se detiene cuando dejamos de mirarla. Está presente en cada respiración, en cada alimento, en cada ciclo que hace posible nuestra existencia. Sin embargo, hemos necesitado asignarle un día para recordarla, como si el olvido fuera parte inevitable de nuestra forma de vivir. Desde los Andes, esta idea resulta ajena. La tierra no es un recurso, ni un entorno, ni un activo. Es relación, origen y continuidad. No se celebra en una fecha, se habita todos los días. Tampoco se protege por obligación, sino por comprensión. En estas cosmovisiones, la vida no se organiza solo alrededor del ser humano, sino del equilibrio que hace posible que todo exista. Lo que hoy llamamos crisis ambiental no es otra cosa que la manifestación de una desconexión más profunda. Durante décadas hemos construido sistemas que extraen más de lo que ...