Amor profundo en tiempos de poder
Hablar de poder global nunca es un ejercicio neutral. Tampoco lo es hablar de soberanía, de liderazgo o de los ciclos históricos que se repiten con distintos rostros. Hoy, este ejercicio de amor profundo hacia las personas, los seres vivos y el planeta exige mirar de frente aquello que incomoda, sin caricaturas, sin adjetivos fáciles, sin reducir la complejidad a consignas. La figura de Donald Trump , más allá del individuo, representa un fenómeno estructural: el resurgimiento explícito de una lógica de fuerza como principio ordenador del mundo. No es una anomalía histórica. Es una recurrencia. Un recordatorio de que los imperios no siempre se anuncian con ejércitos; a veces lo hacen con discursos de eficiencia, seguridad, orden o prosperidad. El problema central no es una persona, sino el conjunto de prácticas y lógicas que su presencia vuelve aceptables. Cuando el poder global se expresa sin pudor, la soberanía deja de ser un principio y se convierte en una variable de negociación....